Mientras en Arroyo Leyes el grueso de la gente votó (en el candidato oficial) las obras para su localidad, en Rincón votó garantizar su trabajo municipal (eventual) por el temor a perderlo.
Las comparaciones son odiosas pero vale el ejemplo para distinguir gordura con hinchazón de una elección en la que ganan los candidatos oficiales. Porque significar los triunfos oficiales en Arroyo Leyes y San José del Rincón, nos remite a desentrañar las raíces que los sustentan.
En Arroyo Leyes el candidato oficial gana con el 60 por ciento de los votos distanciándose del segundo, triplicando la cantidad de votos. Lorinz gana sin haberse despeinado tanto en las PASO;
y la mejor campaña del actual presidente comunal de Arroyo Leyes, es mostrarle a la gente una gestión ordenada, bien administrada, con obras ambiciosas que se están concretando.
No es poco decir que en una comuna con 24 años de existencia una gestión comunal que lleva tres años de mandato tenga en marcha dos obras que le cambiaran la vida al pueblo.
La vecina localidad hoy se encuentra ejecutando la obra de agua potable y cloacas para todo el pueblo, a las que hay que sumarle un jardín maternal para las familias que trabajan, dos playones deportivos, la ampliación de la comuna e iluminación del todo el pueblo. En materia de equipamiento la compra de dos camiones cero quilómetros, una retro pala, una moto niveladora, dos tractores, maquinas de pre moldeados para empezar a pavimentar sus calles, todo esto en los dos últimos años de gestión y un presupuesto acotado.
A diferencia de Arroyo Leyes el candidato oficial de Rincón gana la interna plagada de cuestionamientos y con dos denuncias durante el proceso electoral de ayer. Una, efectuada ante la comisaria 14 por infracción a la veda electoral y la otra en la mesa 2902 en la que se labra un acta por el –supuesto- hostigamiento a vecinos que no habían ido todavía a votar (se confeccionaban listas para ir a buscarlos).
Ahora… ¿cuál es la diferencia en el triunfo oficial de ambas elecciones?. Mucho tiene que ver que sustenta y mueve las decisiones en la administración de los fondos y el gasto público en estos gobiernos.
Sin demasiada campaña en estas internas, el nivel de gestión en su segundo mandato consecutivo a cargo de Arroyo Leyes, consagro al candidato del Frente Justicialista para la Victoria.
Sin haber contratado personal eventual, sin presionar a la gente para elegir tal o cual, sin gastar en folleteria ni músicas callejeras rimbombantes ni poner plata en medios televisivos, radiales o gráficos, Lorinz logra imponerse con el 60 % de los votos.
El contraste entre una campaña oficial electoral y otra es abrumador. Mientras los vecinos de Villa Añaty hacen actividades para comprar focos de alumbrado público, la campaña del oficialista Andreu no escatimó en carteles, pasacalles, folletos, y rimbombantes música callejera de cuantiosa suma.
Otro dato que establece diferencia es como primó el aparato. La ventaja de ser ciudad en lo económico fue aprovechada en la gestión radical-socialista para multiplicar el gasto público. Un presupuesto de 55 millones, que triplica holgadamente al de la última comuna, hoy solo alcanza para pagar sueldos.
Aquí radica la diferencia entre ambas elecciones locales. Un gran aparato político construido por una gestión que cuenta sus votos en el personal precarizado al que paga mes a mes. El problema de Rincón sigue siendo el gran agujero del gasto público. Sistemáticamente elección tras elección los diferentes gobiernos peronistas promovían como practica electoral de coyuntura la contratación de eventuales (trabajadores en negro) y esta gestión no fue la excepción (lamentablemente).
Es por eso que en Rincón, con un presupuesto tres veces mayor que el de Arroyo Leyes, no se discute –seriamente- , mas allá de la coyuntura electoral, obras como gas y cloacas.
Atar el desarrollo a la coyuntura electoral diluye cualquier posibilidad en lo económico y social. Estas prácticas detestables, nos hace una ciudad que no da signos de avances por la incapacidad de arrancar obras significativas que trasciendan los proyectos de papel.
Mientras en arroyo leyes se avanzan en obras estructurales sin eventuales trabajando en negro por una remuneración miserable; en Rincón la ausencia de obras alimentan alrededor de 140 trabajadores que con un sueldo de 1800 pesos sostienen la mesa de sus hogares.
El escenario de los resultados que dejo la elección de Rincón y Arroyo Leyes es muy distinto. En Rincón prima el apriete –así lo afirman los empleados- para conseguir votos con el fin de sostener el sistema montado.
Mientras en Arroyo Leyes la gente votó las obras para su localidad, aquí votó garantizar su trabajo por el temor a perderlo.
