A mi familia el odio nos robó una vida que jamás sabremos si pudo ser mejor, nos la robó por pensar distinto y precisamente los que “obraban para bien” odiaban lo que éramos.
Nací en cautiverio durante la encarcelación de mi vieja, condenada por tener libros del Che Guevara; durante su libertad, en plena dictadura, no tuvimos un hogar fijo hasta que vino la democracia. No conocí a mi papá y crecí con la idea que era un miserable. Esta es mi vida, una de las tantas que sufrió el proceso más nefasto que ocurriera en nuestro país.
Con el tiempo aprendí que perdonar implica ponerte en la piel del otro, más allá del vínculo trágico que te ate a ese otro que obró mal. Disculpar cualquiera lo hace, pero “perdonar” es un acto “revolucionario” que extirpa el malestar que provoca el daño emocional.
No quiero que se interprete que perdonar es eximir de la condena a los culpables, porque las consecuencias de lo que han hecho hay que pagarlas. Cárcel común y efectiva para los genocidas del terrorismo también es saldar las heridas trayendo justicia al pueblo argentino. Pero el no perdonar es mantener latente el recuerdo del dolor que incuba el odio. Y cuando el odio mueve todo lo que hacemos mancha y contamina todo lo que tocamos.
Me gusta pensar en el preámbulo de nuestra constitución y en quienes participaron en los orígenes jurídicos de nuestro país. Luego de tantas peleas batallas y muertes consideraron valioso escribir algunas cosas para que nadie las quite en la antesala de la ley de las leyes de nuestra nación,; y de tanto en tanto al leerlas, podamos redireccionar el rumbo. Allí dice que lo hacen “…con el objeto de constituir a la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todo el que quiera habitar en el suelo argentino…”
El poder perdonar es experimentar plena libertad, y nos abre la puerta a vivir nuevas experiencias, porque no perdonar es revivir una y otra vez los hechos negativos que nos atan al pasado, y se hacen presentes en cada relación que tenemos con nuestros pares.
Perdonar es uno de los actos de valentía más grandes en la vida de una persona, pero en ello he encontrado una clave, somos capaces de perdonar porque fuimos perdonados. Dios nos llama a perdonar de manera tan plena como nosotros mismos hemos recibido el perdón de Dios.
Hoy argentina necesita de revolucionarios, dispuestos a “constituir a la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todo el que quiera habitar en el suelo argentino”
¡Claro está que con el favor de Dios, fuente de toda razón y justicia!. Hace tiempo he decidido perdonar, dejar a tras lo que me ha hecho daño, porque sé que lo que viene es mejor. “Yo no olvido, pero si perdono”.
Jorge Ramirez – 24/03/14
San José del Rincón - Santa Fe - Argentina
Con el tiempo aprendí que perdonar implica ponerte en la piel del otro, más allá del vínculo trágico que te ate a ese otro que obró mal. Disculpar cualquiera lo hace, pero “perdonar” es un acto “revolucionario” que extirpa el malestar que provoca el daño emocional.
No quiero que se interprete que perdonar es eximir de la condena a los culpables, porque las consecuencias de lo que han hecho hay que pagarlas. Cárcel común y efectiva para los genocidas del terrorismo también es saldar las heridas trayendo justicia al pueblo argentino. Pero el no perdonar es mantener latente el recuerdo del dolor que incuba el odio. Y cuando el odio mueve todo lo que hacemos mancha y contamina todo lo que tocamos.
Me gusta pensar en el preámbulo de nuestra constitución y en quienes participaron en los orígenes jurídicos de nuestro país. Luego de tantas peleas batallas y muertes consideraron valioso escribir algunas cosas para que nadie las quite en la antesala de la ley de las leyes de nuestra nación,; y de tanto en tanto al leerlas, podamos redireccionar el rumbo. Allí dice que lo hacen “…con el objeto de constituir a la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todo el que quiera habitar en el suelo argentino…”
El poder perdonar es experimentar plena libertad, y nos abre la puerta a vivir nuevas experiencias, porque no perdonar es revivir una y otra vez los hechos negativos que nos atan al pasado, y se hacen presentes en cada relación que tenemos con nuestros pares.
Perdonar es uno de los actos de valentía más grandes en la vida de una persona, pero en ello he encontrado una clave, somos capaces de perdonar porque fuimos perdonados. Dios nos llama a perdonar de manera tan plena como nosotros mismos hemos recibido el perdón de Dios.
Hoy argentina necesita de revolucionarios, dispuestos a “constituir a la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todo el que quiera habitar en el suelo argentino”
¡Claro está que con el favor de Dios, fuente de toda razón y justicia!. Hace tiempo he decidido perdonar, dejar a tras lo que me ha hecho daño, porque sé que lo que viene es mejor. “Yo no olvido, pero si perdono”.
Jorge Ramirez – 24/03/14
San José del Rincón - Santa Fe - Argentina
